"Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve , y no vuelve allá sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y dá semilla al que siembra y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para que la envié" Isaias55.10-11

miércoles, 26 de julio de 2017

Si en verdad me bendijeras...


"Jabes invocó al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si en verdad me bendijeras, ensancharas mi territorio, y tu mano estuviera conmigo y me guardaras del mal para que no me causara dolor! Y Dios le concedió lo que pidió." 1 Crónicas 4:10 LBLA

Esta pequeña, corta y contundente oración es una de mis preferidas. Recurro a ella en tiempos de crisis, de sequía, o de estancamiento. 
La historia que precede y rodea a estas 4 frases me parece sumamente inspiradora, el versículo anterior cita  "Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, y su madre lo llamó Jabes, diciendo: Porque lo di a luz con dolor." 1 Crónicas 4:9 LBLA, Y esto debería analizarse al revés: ¿Cómo fue que un hombre cuyo nombre significaba "dolor o aflicción" se convirtió en "más ilustre que sus hermanos"? pues al parecer Jabes luchó contra el designio de su nombre hasta convertirse en alguien mejor, merecedor de ser llamado "más ilustre" , y claramente lo hizo a través de una mayor calidad de oración. 

Anhelar realmente la bendición de Dios  y el ensanchamiento de su territorio no era para Jabes un deseo egoísta como podría parecer a primera vista sino una auténtica búsqueda de elevar su condición saliendo del futuro lamentable augurado por su nombre.

No conforme con pedir libertad de todo lo adverso puesto sobre él, Jabes fue por el poder y protección de Dios en las dos frases restantes. Jabes no era un hombre que se conformaba con ver cielos cerrados, él iba por el Creador de los Cielos, su oración trascendíó los cielos de bronce hasta encontrar los cielos abiertos y los graneros rebosantes.
Te invito a implementar no sólo esta sencilla oración, sino la calidad de oración  que este hombre llevaba y que condujo a que Dios le otorgara lo que pidió. 

Te dejo este extracto de "La oración de Jabes" por Charles Spurgeon, Londres, 1871.
"Muy poco es lo que sabemos acerca de Jabes, excepto que era más ilustre que sus hermanos, y que fue llamado Jabes porque su madre lo dio a luz con dolor. A veces sucede que cuando hay muchísimo dolor en los antecedentes, habrá sumo placer en las consecuencias. Así como la furiosa tormenta da lugar a la clara luz del sol, así la noche de llanto precede a la mañana de gozo. El dolor es el heraldo; la alegría es el príncipe anunciado. Cowper dice:
"La senda del dolor, y solamente esa senda,
Conduce al lugar donde el dolor es desconocido."

En gran medida descubrimos que debemos sembrar con lágrimas antes que podamos cosechar con gozo. Muchos de nuestros trabajos por Cristo nos han arrancado lágrimas. Las dificultades y los desengaños han envuelto nuestra alma en angustias. Sin embargo, aquellos proyectos que nos han costado un mayor dolor que el ordinario, han resultado ser a menudo nuestras empresas más honorables.
Aunque nuestra pena llamó al vástago del deseo, "Benoni,": ('hijo de mi dolor'), nuestra fe ha sido capaz de darle posteriormente un nombre de deleite: "Benjamín," el hijo de mi mano derecha (es decir, 'afortunado'). Puedes esperar una bendición al servir a Dios si estás capacitado para perseverar bajo muchos desalientos. Con frecuencia el barco tarda bastante en regresar a puerto y es porque está detenido en el camino debido al exceso de carga. Puedes estar seguro que su mercancía será excelente cuando llegue al puerto.
Más ilustre que sus hermanos fue el niño que en dolor fue dado a luz por su madre. Este Jabes, cuya meta estaba muy bien trazada, su fama muy bien extendida, su nombre tan perdurablemente inmortalizado, era un hombre de oración. El honor que disfrutaba no hubiera valido de nada si no lo hubiera disputado vigorosamente y ganado equitativamente. Su devoción fue la clave de su promoción. Los honores que vienen de Dios son los mejores: el premio de la gracia conjuntamente con el reconocimiento del servicio.
Cuando Jacob fue llamado Israel recibió su principado después de una memorable noche de oración. Ciertamente esto fue mucho más honorable para él, que si lo hubiera recibido de algún emperador terrenal como una distinción aduladora. El mejor honor es aquel que el hombre recibe en comunión con el Altísimo. Se nos dice que Jabes era más ilustre que sus hermanos y su oración quedó registrada para indicarnos que él también era un hombre más lleno de oración que sus hermanos.

Se nos dice en qué consistían las peticiones de su oración. Toda su oración fue muy significativa e instructiva. Sólo tenemos tiempo de tomar una frase de ella, y por cierto, se puede decir que esa única frase comprende al resto, "¡Oh, si en verdad me bendijeras!" La recomiendo como una oración para ustedes mismos, queridos hermanos y hermanas; es una oración que estará disponible en cualquier circunstancia; una oración para comenzar la vida cristiana; una oración al terminar nuestra vida; una oración que nunca estará fuera de lugar en nuestras alegrías o en nuestras tristezas.

¡Oh, que Tú, el Dios de Israel, el Dios del pacto, en verdad me bendijeras! La misma esencia de la oración parece descansar en esas palabras, "en verdad." Hay muchas variedades de bendición. Algunas son bendiciones sólo de nombre, gratifican nuestros deseos por un instante, pero permanentemente defraudan nuestras expectativas. Encantan al ojo pero hartan al gusto. Otras son simples bendiciones temporales: perecen con el uso. Aunque por un momento deleiten a los sentidos, no pueden satisfacer los más elevados anhelos del alma. Pero, "¡Oh, si en verdad me bendijeras!" Yo sé que, a quien Dios bendice, será bendecido. La cosa que es buena en sí misma, y es otorgada con la buena voluntad del donante, producirá tanta buena fortuna a quien la recibe que bien puede ser estimada como una bendición "en verdad," porque nada hay comparable a ella."

Autor: Edith Gero

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