"Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve , y no vuelve allá sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y dá semilla al que siembra y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para que la envié" Isaias55.10-11

martes, 5 de julio de 2016

La Cenicienta de la Iglesia: La Oración

     
     La cenicienta de la iglesia es la oración. Esta criada del Señor es despreciada y desechada porque no se adorna con las joyas del intelectualismo, ni las brillantes sedas de la filosofía, ni con la impresionante tiara de la psicología. Lleva los delantales de honesta sinceridad y humildad. No teme arrodillarse.

     No se necesita indispensablemente la espiritualidad para predicar, esto es, para dar sermones con perfección homilética y exactitud de exégesis. Mediante una buena dosis de memoria, ciencia, ambición personal, desparpajo y una buena biblioteca bien cargada de libros, el púlpito puede ser conquistado por cualquiera en nuestros días. La predicación de este tipo puede influenciar a los hombres, pero  la oración influye con Dios.
     La predicación afecta al tiempo, la oración a la Eternidad. El púlpito puede ser un escaparate para exhibir nuestros talentos; la oración significa lo contrario a exhibicionismo.
     La tragedia de estos últimos tiempos es que tenemos demasiados predicadores muertos en los púlpitos dando sermones al pueblo… ¿Qué es unción? Apenas lo sé. Pero sé lo que no es (o por lo menos sé cuándo no está sobre mi propia alma).
     Predicar sin unción mata en lugar de dar vida. El predicador falto de unción es «sabor de muerte para muerte». La palabra no se hace viva a menos que la unción divina esté sobre el predicador. Por lo tanto, predicador, sobre todas las cosas buscadas, busca unción.
     Hermanos, podríamos arreglarnos bien siendo solamente medio intelectuales (de la intelectualidad moderna) si fuéramos doblemente espirituales. Predicar es un negocio espiritual. Un sermón nacido de la mente alcanza simplemente la mente; un sermón nacido en el corazón, alcanza el corazón.
     Con la bendición de Dios un predicador espiritual producirá gente espiritual. Pero la unción no es una paloma que bate sus alas contra los cristales para entrar en el alma del predicador, sino que tiene que ser perseguida y alcanzada. La unción no puede ser aprendida cual arte, sino que debe ser ganada y conseguida por oración. La unción es la medalla divina concedida al predicador que como soldado ha luchado en oración y obtenido la victoria.
     La victoria no se obtiene en el púlpito disparando descargas intelectuales, sino en el retiro de la oración. Es una batalla ganada o perdida antes de que el predicador pise el púlpito.
     La unción es cual dinamita. La unción no viene por las manos del obispo, ni queda disipada cuando el predicador es puesto en prisión. La unción penetra y derrite, endulza y ablanda. Cuando el martillo de la lógica y el fuego del humano celo fracasan en abrir los corazones, la unción lo consigue.
     ¡Cuánta fiebre de construir iglesias existe actualmente!  Sin embargo, sin predicadores ungidos estos altares no se verán nunca rodeados de ansiosos penitentes.
     El triste hecho es que el fuego de los altares está ardiendo muy débilmente o se halla apagado del todo. La reunión de oración está muerta o moribunda. Por nuestra actitud con respecto a la oración parecemos estar diciendo a Dios que lo que fue empezado en el espíritu podemos terminarlo en el poder carnal. ¿Qué iglesia pide a su candidato al pastorado cuánto tiempo emplea en oración? Sin embargo, a la luz de la historia os diría que un ministro del Evangelio que no dedique dos horas diarias a la oración no vale un centavo, sean cualesquiera los títulos que posea.
     La mayor somnolencia; tanto en el púlpito como en la prensa ha tomado el lugar de la contraofensiva religiosa de siglos pasados. Hasta Roma ya no nos llama protestantes, sino hermanos separados. ¿No es esto significativo? ¿Quién contiende hoy eficazmente por la fe una vez dada a los santos? ¿Dónde están nuestros valientes guerreros de los púlpitos?
     Los predicadores, que deberían estar «pescando hombres», están buscando cumplimientos y halagos humanos. Los predicadores, que antes sembraban semillas, siembran ahora perlas de intelectualismo. (¡Imaginaos qué cosecha produciría un terreno sembrado con perlas!)
     ¡Afuera con esta predicación paralítica que carece de poder porque ha sido engendrada en una tumba en vez de en una matriz viva, pues procede de un alma sin fuego del Espíritu Santo, ni oración!
     Si Dios nos llamó al ministerio, queridos hermanos, os digo que debemos empeñarnos en obtener la unción. Sobre todas las cosas buscadas, busca la unción, a menos que nos conformemos con altares estériles adornados de intelectualismo sin unción.
     Ningún hombre es más grande que su vida de oración. El pastor que no ora está jugando en religión; el pueblo que no ora está extraviado. El púlpito puede ser un escaparate de humanos talentos, pero la cámara de oración no tiene ventanas al exterior.
     Pobre como se muestra la Iglesia hoy día en tantas cosas, lo es más en cuanto a la oración. Tenemos muchas organizaciones, pero pocos penitentes; muchos espectáculos y actores, pero pocos orantes; muchos cantores, pero pocos corazones heridos; grandes pastores y débiles guerreros de Cristo; mucho aparato, pero poca pasión; muchos actuantes, pero pocos intercesores; muchos escritores, pero pocos luchadores. Fallando en esto fallamos en todo.
     Los dos requisitos para una vida cristiana victoriosa son visión y pasión; ambos son nacidos y sustentados por la oración. El ministerio de la predicación está abierto a pocas personas, pero el ministerio de la oración —el más elevado de todos los ministerios humanos— está abierto a todos.
Los adolescentes espirituales dicen: «Hoy no iré al templo; sólo es una reunión de oración.» Creo que Satán tiene poco que temer hoy día de los pulpitos. Pero experiencias pasadas le obligan a levantar todo su infernal ejército en contra del pueblo de Dios cuando ora. Los cristianos modernos conocen poco aquello que Jesús dijo de «atar o desatar»; aunque la promesa es para nosotros: «Todo lo que vosotros atareis…» ¿Lo has realizado recientemente? Dios no derrocha  sin medida ni razón  su poder; para hacer mucho para Dios tenemos que estar mucho con Dios.
     Este mundo está precipitándose al infierno con una velocidad tal que el más veloz aeroplano es, al lado de tal marcha, como una tortuga; sin embargo, ¡ay!, pocos de nosotros pueden recordar la última noche que dejaron de acostarse para pasarla en vela ante Dios en demanda de un despertamiento mundial. No nos sentimos movidos a compasión. Confundimos el andamio con el edificio. La predicación de nuestros días, con su pálida interpretación de las divinas verdades, nos hace tomar la acción por unción, la comunión por nuevo nacimiento, y los balbuceos por despertamiento.
     “El secreto de la oración es el orar en secreto.
     El pecador cesa de orar y el que ora cesa de pecar.”
     La oración es profundamente simple y simplemente profunda. «La oración es la más sencilla forma de hablar, simplemente infantil; sin embargo, es tan sublime que sobrepasa y agota todo vocabulario humano. Una catarata de palabras ardorosas tan grande como la del Niágara no impresiona a Dios ni le mueve. Una de las más ardientes y profundas intercesoras del Antiguo Testamento no tenía palabras.» Sus labios se movían, pero su voz no se oía. Ninguna expresión lingüística. Hay «gemidos indecibles», que no pueden ser expresados con palabras.
     Estamos tan por debajo del nivel del Cristianismo primitivo que no conocemos la clase de fe histórica de nuestros padres espirituales (con sus implicaciones y operaciones) y sólo conocemos la fe histórica de nuestros contemporáneos. La oración es para el creyente lo que el capital para el negociante.
     ¿Puede alguien negar que el afán de la iglesia moderna sea el dinero? Sin embargo, lo que más preocupa a la iglesia de nuestro tiempo es lo que menos preocupaba a la iglesia apostólica. Nuestro énfasis es sobre donativos, el suyo era sobre oración. Cuando damos podemos edificar un buen local; cuando ellos oraban el local temblaba.
     En los días del Nuevo Testamento la inspiración del Espíritu sacudía el infierno. En cambio, en nuestros días, la oración que vence al mundo, nunca había sido dejada por tantos al cuidado de tan pocos. Sin embargo, no hay sustituto para esta clase de oración; o la practicamos o morimos.

por Leonard Ravenhill

Leonard Ravenhill (1907-1994) fue un destacado evangelista, predicador, y ministro cristiano británico que estuvo activo durante el siglo XX, escribió varios libros y realizó innumerables predicaciones, muchas de las cuales se centraban en temas de oración, avivamiento de la fe cristiana, la obediencia a Cristo y sumisión a la voluntad de Dios.
Es también conocido por haber desafiado a través de sus libros y sermones el estilo de vida de muchos creyentes e iglesias modernas, exhortándoles a la seriedad y hablándoles de la necesidad de apegarse radicalmente a las enseñanzas de Jesucristo, al estilo de los cristianos primitivos.
 

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