"Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve , y no vuelve allá sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y dá semilla al que siembra y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para que la envié" Isaias55.10-11

domingo, 15 de junio de 2014

La razón de vivir



Hay una pregunta generalizada en la raza humana,  y tal cuestión suele inquietarla aún más que  la tocante a la identidad. Y es que encontrar la razón de vivir define nuestras actitudes,  elecciones de vida y orienta lo que haremos a lo largo de nuestra existencia. 
La razón determina la acción.  Y el corazón.
Algunos piensan que nacieron para trabajar y definen su vida en función de la calidad laboral. Lamentablemente cualquiera que ha trabajado años en alguna empresa podrá decirnos que una semana más tarde que lo despidan o que renuncie al empleo nadie le recordará, apareciendo un enorme vacío al haberse terminado la razón y motivación. Otro tanto ocurre para los que viven para una relación,  cuando esta se termina creen que la vida termina. La búsqueda del bienestar y éxito se lleva otros tantos laureles entre las creencias de cuál es la razón de la existencia, y su efímera duración asegura profundas depresiones  y crisis existencialistas.
Jesús vivió y  murió por cada uno de nosotros. Entregó su vida y vino a este difícil mundo caído que el ser humano se encargó de transformar tantas veces en una pesadilla, y soportó toda la furia del hombre y del Padre quien cerró sus ojos para que la ofrenda de amor fuera consumada; por la razón puesta  delante de Él.
Y la razón de la vida y  elección de la propia muerte del Dios hecho hombre fuiste tú, yo y cada persona en este planeta.  Nada más ni nada menos que cada uno de los millones que hubo, que hay y que vendrán. Cada uno estaba en el amoroso corazón del Padre al entregarnos a su Hijo y en el del Hijo viviendo para morir en una cruz.
Dios vive para nosotros, y nosotros somos su creación, por tanto deberíamos vivir para Él.  Ninguna otra cosa debería tomar Su primer lugar en nuestra mente, corazón, sentimientos y acciones. Él debería ser la primera razón por la que arrancamos cada día y la última que permanece cuando las demás se terminan.  Él debería ser nuestra pasión  y la motivación de cada día. Dios debería ser la nutrición emocional y la razón de buscar el crecimiento espiritual. Él debería ser el pensamiento y razón detrás de cada cosa que hacemos  en cada momento.
Jesús vivió  y murió por ti, ¿estarás dispuesto a hacer lo mismo por Él?

“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” Marcos 12.31

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Texto: Edith Gero
Imagen: Different Photos

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