"Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve , y no vuelve allá sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y dá semilla al que siembra y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para que la envié" Isaias55.10-11

martes, 22 de enero de 2013

Fe incrédula

      
      "Les pedí a tus discípulos que expulsaran el espíritu, pero no lo lograron.
      -¡Ah generación incrédula! -respondió Jesús- ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho.
     Así que se lo llevaron. Tan pronto como vio a Jesús, el espíritu sacudió de tal modo al muchacho que éste cayó al suelo y comenzó a revolcarse echando espumarajos.
     -¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto? -le preguntó Jesús al padre.
     -Desde que era niño -contestó-. Muchas veces lo ha echado al fuego y al agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos.

     -¿Cómo que si puedo?. Para el que cree todo es posible.
     -¡Sí creo! - exclamó de inmediato el padre del muchacho- ¡Ayúdame en mi poca fe!" Marcos 9:18-24

     La cuestión principal aquí no era si Jesús tendría o no poder para sanarlo, sino si el padre tendría fe en Él. La persona que cree de verdad no le pone límites a Dios. La fe nunca es perfecta, por lo general está mezclada con incredulidad.  (*)

     La reflexión de hoy no pasa entonces  por cuánto poder tiene Dios para sanarnos o librarnos, sino que va dirigida a examinar nuestra fe.
     Reiteradas veces, antes de cada milagro que el Señor realizó preguntó a quién lo solicitaba por su fe, y no lo hizo donde no la encontró.
     La incredulidad no limita a Dios, ya que Él es ilimitado, pero sí nos limita a nosotros.
     Sin caer en algún par de pasos simplistas para tener más fe, examinemos la verdad de que todos somos imperfectos y nuestra fe también lo es. Estamos en proceso y no dejaremos de estarlo hasta el fin. Por tanto, con una mente abierta y enseñable, aprendamos a examinarnos cada uno, dejando lo malo, reteniendo lo bueno y reenderezando lo torcido.
     En este contexto es que deberemos admitir nuestra diaria porción de incredulidad: cada vez que tenemos miedo (porque fe y miedo se autoexcluyen), cada vez que creemos que el mal puede tocarnos, o  la muerte destruirnos, y así y así.
     Entonces, entendiendo tanto nuestra imperfección como el anhelo de ser perfeccionados,  es tiempo de afirmar la fe en palabras, y pedir que nos sea aumentada. No tenemos que buscar ser omnipotentes, el poder siempre será de Dios y no debemos pretender escalar el monte de lo que sólo El puede hacer.     Nuestra parte es buscar más a Dios, amarlo más, y dejar que Su Palabra y su cercanía (a medida que caminamos hacia Él) nos llene de la fe necesaria para cada día.
***
¡Sí creo! ¡Ayuda a mi incredulidad! 
***
Pero sin fe, es imposible agradar a Dios; 
porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay
y que es galardonador de los que le buscan.

(*)Biblia de Estudio NVI personal, nota de página 1586.
Imagen: José Luis Avila Herrera/ vía www.bancodeimagenesgratis.com
Texto: Edith Gero.

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