"Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve , y no vuelve allá sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y dá semilla al que siembra y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para que la envié" Isaias55.10-11

sábado, 1 de octubre de 2011

Escuela de Liderazgo: Imagen



Ser líder no es fácil... pero tampoco imposible
 
Nos vendieron una imagen equivocada de los líderes...

Nos engañaron... definitivamente nos engañaron... ¿La razón? La sociedad que nos rodea nos vendió a través de todos los medios –impresos y audiovisuales-- una imagen estereotipada de los líderes...
Los presentan como los protagonistas de alguna película en la que jamás les ocurre nada y siempre, al final de la historia, aparecen sonrientes en la pantalla mientras que a lo lejos se aprecia el sol muriendo entre las montañas. Inmediatamente después aparecen los créditos de los realizadores del filme y quedamos con la íntima sensación de que no estamos refiriéndonos a seres comunes sino a una especie de súper-hombres y súper-mujeres que jamás cometen errores, a quienes todo les sale a pedir de boca, que superan con facilidad cualquier obstáculo, que no se desesperan a pesar de las circunstancias adversas, y si llegan a sufrir algún ataque que los derriba, se levantan airosos limpiándose el polvo que se adhirió a sus ropas.
No... definitivamente esa no es la realidad de los líderes triunfadores de carne y hueso...
Tampoco es la que ofrecen las tiras cómicas o tal vez los programas de dibujos animados en los que el personaje central puede caer desde un edificio muy alto o quizá recibir todo el peso de un enorme piano, y aunque en el instante quedan aplanados como si se tratara de sellos postales de correo, se restablecen con facilidad y, armados de un sonrisa que nunca abandona sus rostros, reemprenden la jornada...
¿Qué puede pensar el pequeño empresario que lucha una y otra vez por colocar sus productos en el mercado, mientras que la competencia despiadada agota sus esfuerzos para sacarlo del camino? ¿Acaso aquellos que hoy lucen satisfechos en las fotografías de los diarios como productores sólidos y emprendedores no enfrentaron alguna vez y, al igual que él, las mismas dificultades?¿O tal vez los empresarios que tienen buenos ingresos hoy no aprendieron ayer de los fracasos y los desengaños cuando las cosas no salían como esperaban?
¿Y qué razonará el promotor de libros y enciclopedias que concluye su jornada sin que haya vendido tan siquiera un texto?¿Qué podrá decir si en las conferencias de motivación le aseguraron que sería tan fácil como saludar al potencial comprador y despacharle --en cuestión de minutos-- todas las ventajas de los manuales, para encontrarse sobre el terreno que apenas perciben que se trata de un comercializador le cierran las puertas en la cara?
¿De qué manera asimila los fracasos la persona corriente que adquirió un libro de superación --de esos que se leen en cuestión de horas y que ofrecen un cambio extraordinario de la vida con sólo disponerse a ser un triunfador—cuando enfrenta la realidad de que los famosos principios hacia el éxito no son aplicables a su realidad?
Y ¿Qué decir del hombre que renunció a su empleo recién abierta una pequeña iglesia de provincia para dedicarse al pastorado a tiempo completo pero que, una vez inicia su trabajo, encuentra que pasan las semanas y nadie llega al templo?
¿Y el joven que comenzó a dirigir el grupo de alabanza  de la congregación para encontrarse, a vuelta de poco tiempo, que las personas a su cargo no quieren atender sus instrucciones y cada quien quiere hacer las cosas a su manera?
¿Usted ha enfrentado una situación similar o probablemente aproximada? Si es así, ¡Bienvenido! ...este material fue diseñado para analizar junto a usted y con detenimiento –porque el afán no es concluir el curso a la mayor brevedad sino asimilar el mayor volumen de conocimientos posible—las pautas de vida que rodearon a líderes de carne y hueso, que enfrentaron frustraciones, que tropezaron con el fracaso, que en ocasiones se rindieron a las dificultades y que finalmente vencieron, sobreponiéndose a toda adversidad para navegar en las aguas –unas veces turbulentas y otras quietas—del liderazgo...
Caminaremos a lo largo de las siguientes páginas para apreciar de cerca --tal como si asistiéramos a una buena cinta cinematográfica--, a los hombres de la Biblia que cambiaron el curso de la historia...
Ellos fueron líderes triunfadores... sin embargo también se equivocaron y fracasaron... En ocasiones cayeron bajo el peso del desánimo y en otras, se alentaron y levantaron su mirada dispuestos a seguir aun cuando todo a su alrededor decía que era imposible...

Capítulo 1

Un líder no le teme a lo desconocido...
El sol comenzó a brillar en lo alto y poco a poco, como si despertaran de un prolongado sueño, las nubes fueron abriendo paso a un cielo azul y limpio que servía como telón de fondo a la inmensa estructura de madera que se levantaba en mitad del amplio terreno.
--Otra jornada...—murmuró quedamente Noé mientras se apuraba una bebida caliente para comenzar el día. A un costado, sobre la mesa, el martillo y, en el suelo, desperdigados unos y apilados otros, estaban enormes tablones que iban dando forma al Arca.
Uno de los curiosos sonrió. Otro meneó la cabeza y un tercero dijo con ironía:--Está loco... definitivamente loco--.
Noé no prestó atención a sus comentarios. Estaba acostumbrado a las voces contrarias, a las frases burlonas y a las críticas que comenzaron el día en el que recibió instrucciones de Dios para construir la estructura.
--No se parece en nada a Lamec, su padre. El sí que era sensato. Tenía puestos los pies sobre la tierra. Noé en cambio es un soñador... —prosiguió comentando el hombre mientras se alejaba con una expresión de burla en su rostro.
Tras él, la armazón: inmensa, desafiante, inverosímil. Semejaba una casa. Una primera ojeada permitía establecer al espectador que se encontraba frente a una construcción  de 130 metros de largo por 20 metros de ancho y 13 metros de alto. Las tablas y listones se entretejían hasta configurar lo que parecían tres pisos. Arriba, en el techo, una enorme ventana que servía para iluminar la estancia.
Noé se dispuso a reemprender la labor, mientras que sus hijos Sem, Cam y Jafet le ayudaban untando de brea las tablas. Sin duda aquella era una nave que rompía todos los esquemas de la época, y lucía muy extraña en un territorio en el que ni siquiera caían lluvias. Sin embargo Noé se empecinaba a advertir que pronto vendría un enorme diluvio que arrasaría con aquellos que no escucharan el mensaje de Dios.
Mientras clavaba unas tablillas, recordó como si devolviera las páginas amarillentas de un álbum viejo, las imágenes que se sucedieron con una rapidez sorprendente y que quedaron grabadas para siempre en su memoria.

El líder toma fuerza en medio de la competencia

Samuel Padilla es un pequeño empresario peruano residente en la ciudad de Trujillo. Por espacio de cuatro años recibió formación básica sobre cómo planear, estructurar y poner en marcha una empresa. Los libros que leyó durante su formación académica fueron apasionantes. Siempre pensó que sería fabuloso terminar la colegiatura para iniciar su propio negocio.
Sin embargo después de los alegres momentos que experimentó en la graduación y el posterior ejercicio profesional, le llevaron a comprender que existe una enorme brecha entre la teoría y la práctica. Una cosa es el cúmulo de enseñanzas que recibimos en las aulas universitarias o colegiales, y otra bien distinta la realidad que enfrentamos. El primer gran obstáculo fue determinar qué producto elaborar; el segundo conseguir el crédito necesario, y el tercero, incursionar en el mercado. Lo intentó varias veces. Si lograba superar una dificultad se topaba con otra y así sucesivamente hasta que se vio navegando en las aguas turbulentas de la desesperación.
Samuel dirige hoy su propia factoría. Es pequeña pero rentable. El produce utensilios de cocina de plástico. Son económicos y atrayentes al público. Tienen buena demanda entre las amas de casa. Comenzar no fue fácil. Lo intentó con varios elementos: tablas para picar alimentos, electrodomésticos importados que compraba en Lima y revendía en su ciudad y adornos elaborados con cerámicas. En sus primeros intentos fracasó porque el mercado estaba saturado. Fue entonces cuando entendió que siguiendo el curso de los demás, jamás llegaría a ningún lado.
Martha Lucía Ramírez vivió sometida por muchos años a las drogas. Hasta el nacimiento de su segundo hijo y la ruptura de tres relaciones que inicialmente creyó, serían estables, le llevó a reorientar sus pasos.
Una primera gestión, tras estabilizar su familia, fue la de ayudar a los necesitados. Y lo hace en su modesta vivienda, al oriente de Santiago de Cali, que ha convertido en albergue de tránsito de las familias que salieron huyendo de sus fincas y parcelas como consecuencia de la violencia que azota a Colombia.
Recientemente las autoridades caleñas le otorgaron un premio que se suma a otros reconocimientos de organizaciones que trabajan por la defensa de los derechos humanos. Todos reconocen su liderazgo y el esfuerzo que le ha costado luchar para sacar adelante su sueños con todas las circunstancias en contra.

El líder nada contra la corriente

Líderes en circunstancias y países distintos. Sin embargo convergen en un principio que experimentó Noé: los líderes nadan contra la corriente.
Observe lo que dice la Biblia acerca de nuestro personaje: “Noé, hombre justo, era perfecto entre los hombres de su tiempo; caminó Noé con Dios. Y engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet”(Génesis 6:9, 10).
¿Se da cuenta? Era una persona como usted o como yo. Si lo encontráramos en alguno de nuestros pueblos y ciudades, seguramente lo confundiríamos entre la multitud de hombres y mujeres que van de un lado para otro, presurosos, afanados por llegar a tiempo a la oficina o quizá, ocupar los primeros lugares en la larga fila de quienes esperan el autobús.
El pasaje Escritural no nos dice que era más alto, más bajo o quizá más robusto que cualquiera otro. En absoluto. Es más, nos advierten que era padre de familia. Tenía sobre sus hombros la responsabilidad de una esposa y tres hijos. ¡Nada fácil!.
Hasta allí todo marcha bien. Sin duda lo invitaríamos a tomar un buen café tinto si lo halláramos alguna vez. Pero... --el inevitable pero-- Noé era además de un ciudadano como los que vemos en medio nuestro, alguien que reunía tres principios que rompían todos los esquemas: Primero, “...era justo”,  es decir, alguien centrado con principios y valores; segundo, era “perfecto entre los hombres de su tiempo”. En otras palabras, así media ciudad estuviese tras él en procura de encontrarle alguna falla, se llevarían tremendo chasco porque era “perfecto”, sin una conducta inclinada a errar, engañar, poner trampas a los demás o tomar ventaja de ellos en cualquier trato o negocio que concretara.
Hay un tercer aspecto que no podemos pasar por alto: “...caminó Noé con Dios”. ¿Se da cuenta? Estamos hablando de un líder... de un auténtico líder... alguien que, aunque a primera vista luciera similar a todos, marcaba la diferencia no solo por su manera de pensar sino por las actitudes que diferían del común de las gentes. Noé fue un líder que impactó a su generación. Tenía algo diferente...
Pero ¿cuál era el medio en el que se desenvolvía? “La tierra se corrompió delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y vio que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra”(Génesis 6.11, 12).
Es evidente que todo en derredor era un caos. Y él junto con su familia se encontraban en el ojo del huracán.
Para Noé hablar de recobrar principios y valores en el quehacer cotidiano, significaba tanto como nadar contra la corriente. Era avanzar contra una enorme ola o quizá, intentar escalar cuando el viento está en contra y golpea nuestro rostro despiadadamente. ¡No era fácil!. ¡Que enorme diferencia entre las palabras motivadoras que podía recibir cada día, y la horda de enemigos, libertinos y criticones que debía enfrentar!.
Si viviera en nuestros días, seguramente estaría abrumado –como nos ocurre a usted y a mi—cuando encendemos la televisión para encontrarnos con una enorme carga de pornografía en programas que se transmiten en franjas de audiencia supuestamente familiar; abriría el diario para hallar un sumario de muertes y violencia; transitaría las calles para toparse con la víctima de un atraco o quizá de una violación que no puede hacer mucho porque las autoridades son lentas y pareciera que amparan la delincuencia y la impunidad; trabajaría en una empresa en la que robar y poner trampas está a la orden del día, o voltearía la mirada a un lugar a otro para hallarse –a boca de jarro—con el hecho de que los matrimonios se desmoronan ante el avance incontenible de la promiscuidad y el adulterio...
Es probable que me diga: “Un momento, yo no soy religioso, quiero hechos prácticos ¿Qué relación tiene Noé con mi vida?”. De acuerdo. Usted y yo nos movemos en circunstancias similares a las de este hombre de la antigüedad porque, como en su tiempo, había deslealtad, se engañaba a los patrones o a su vez los patrones engañaban a los empleados; los políticos eran mañosos y aspiraban cargos de relevancia para taparse en dinero y popularidad; las separaciones matrimoniales eran frecuentes y además, quien no se comportara de acuerdo con el parámetro común, era mirado como un espécimen raro.
Ese es el panorama que tenemos enfrente y que sin duda no difería mucho del que enfrentaba Noé. A él como a nosotros le tocó “Nadar contra la corriente”. Quizá lo aprendió a fuerza de fracasos y de intentarlo nuevamente, pero su liderazgo se fortaleció enfrentando una concatenación de adversidades. Muchos en su lugar, quizá habrían renunciado. Pero él, como líder, tenía claro que es teniendo el viento en contra que los que vuelan en cometas llegan más alto...

El líder no se sujeta a los parámetros comunes

Lo normal y aceptable en la sociedad de su tiempo para Noé, y para nosotros hoy, sería ajustarse a los principios vigentes. Así él y nosotros ahora, quedaríamos bien con todos. Sin embargo la Biblia insiste en un hecho: “Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová”(Génesis 6:8).
Ese hecho marcó la diferencia. En apariencia algo intrascendente, pero en la práctica, algo de suma importancia. Sin duda rompió todos los esquemas. Esa determinación le permitió avanzar. De lo contrario, sujeto a lo que todos pensaban y hacían, sin duda nunca habría llegado a ninguna parte. Habría encontrado personas negativas a su paso, a quienes consideran que nada se puede hacer diferente porque ellos no pudieron hacerlo y quienes miran mal a los que tan solo se atreven a pensar diferente.
¿Usted imagina qué pasaría con nuestra sociedad si un buen grupo de personas, al igual que Noé, hallaran gracia ante Dios? Sencillamente que comenzaríamos a cambiar el mundo. Los conductores respetarían las normas de tránsito; los vendedores retornarían el vuelto correcto a sus clientes; quienes acuden a solicitar un servicio respetarían la fila sin tratar de colarse por encima de quienes llevan rato esperando; el médico ejercería a cabalidad su profesión mientras que el periodista se ceñiría a los hechos y no a la especulación... definitivamente el mundo sería diferente...
La obediencia, un principio que identifica al líder
¿Ilógico? Definitivamente si. Todo en la misión que Dios encomendó a Noé parecía ilógico. No  comprendía bien cuál era el propósito, sin embargo actuó en obediencia. “E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová”(Génesis 7:5).
Esa disposición de sujetarse a las pautas trazadas por dios la apreciamos en la preparación y posterior embarque de todo el género animal así como de su propia familia (versículos 9 y 16). No discutió, no argumentó, no contradijo. Tenía claro que nuestro amado Creador no improvisa cuando nos manda a hacer algo.
Un hombre o mujer que se hayan matriculado en la “Escuela de Dios” para potencializar sus capacidades como líder en aras lograr crecimiento permanente y sostenido, asume la obediencia como un principio ineludible.
Cuando seguimos las instrucciones al pie de la letra, Aquél que nos llamó a servirle en Su obra nos irá mostrando la ruta a seguir. Algo diametralmente opuesto ocurre cuando obramos a nuestra manera. Generalmente tropezamos una y otra vez porque estamos moviéndonos en nuestras fuerzas y no en las de Aquél que nos envió a cumplir la misión.
La satisfacción del deber cumplido
¿Ha sentido alguna vez la satisfacción de concluir cabal y exitosamente con su trabajo? Esa misma sensación fue la que embargó a Noé cuando terminó el diluvio, la tierra se secó y todo retornó a la aparente normalidad ¡Había cumplido la misión!
El desenvolvimiento de este patriarca que aprendió lecciones de liderazgo en la práctica y no en el instituto bíblico o quizá en una escuela de formación superior, contrasta con personas que hoy día comienzan una tarea y no la concluyen. Se especializan en hacer las cosas “a medias”.
Nunca terminan aquello que empiezan. El entusiasmo con el que emprenden las labores se agota poco tiempo después de iniciar la jornada y permiten que los embargue la pereza o el desánimo.
Tales personas difícilmente llegan a ninguna parte. Los hallamos en todas partes: en la iglesia pero también en el trabajo, la universidad o en el sector que habitamos. Con su inconsistencia no hacen otra cosa que pagar la colegiatura para ser fracasados.
¿Acaso Dios quiere esa actitud derrotista para nosotros. En absoluto. El nos creó para ser triunfadores. Pero en cierta medida, lograrlo sólo es posible cuando caminamos conforme a la voluntad de El, trazada en la Palabra, y aplicamos esos principios que --si bien es cierto-- en ocasiones no entendemos, nos llevarán a puerto seguro.
En el relato leemos que “Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo:”Fructificad multiplicaos y llenad la tierra”(Génesis 9:1). A través de este visionario el Señor había cumplido su tarea de sanear el mundo. Cuando cesó la voz del Creador, Noé dio vuelta y se encaminó a su tienda donde le esperaban su esposa y sus ojos. Sonrió con satisfacción y razonó que había valido la pena todo el esfuerzo. Sentado en una silla mientras caía la tarde, volvió  a sonreír y pensó en todo lo que había aprendido en la “Escuela de Dios”. Sin proponérselo, había marcado toda una generación con su liderazgo...
  Ps. Fernando Alexis Jimenez
 
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