"Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve , y no vuelve allá sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y dá semilla al que siembra y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero y será prosperada en aquello para que la envié" Isaias55.10-11

martes, 3 de agosto de 2010

ALABAR A DIOS…¿Y POR QUÉ NO AHORA?



Leyendo una reflexión que habló a mi corazón encontré esta frase ¿Por qué no ahora alabar a nuestro Padre celestial? y se quedó grabada en mi mente ya que por nuestros afanes, problemas y circunstancias difíciles que afrontamos a diario lo primero que se ve afectado es nuestra alabanza a Dios. Al tener los ánimos decaídos es muy difícil que tengamos la disposición para alabar a Dios, pero es ahí cuando debemos sacrificar alabanza.

Sacrificio significa: acción a que uno se somete aunque experimente rechazo, es ofrecer o dar algo en reconocimiento de la divinidad.
 
Hay actos que para realizarlos debemos apelar a una fuerza de voluntad ya que cuando experimentamos rechazo nos cuesta actuar de manera libre y espontanea. Pero nuestra alabanza a Dios, aunque algunas veces nuestra voluntad no esté dispuesta, debemos entender que es una ofrenda que presentamos en el altar de Dios. Ahora, cuando alabemos al Creador debemos dar lo mejor de nosotros para que sea agradable a sus ojos.  El salmista David dice en salmos 119:108. “que te sean agradables los sacrificios voluntarios de mi boca” Si nos fijamos en el Antiguo Testamento, para que la ofrenda de animales presentados en sacrificio a  Dios  fuera agradable  el mandamiento de Dios era que no debían ser defectuosos, por tanto, solo lo mejor del ganado y de los animales era lo que se ofrecía a Dios. 
 
No nos dejemos llevar por nuestras emociones, no dependamos de ellas para alabar a Dios, aunque nos toque obligar a nuestra voluntad. Si hacemos del sacrificio de alabanza una disciplina de la que nos acostumbremos, llegará el momento en que alabar a Dios será espontaneo a pesar de las circunstancias difíciles.
 
Nuestro cuerpo, alma y espíritu se deben ver involucrados en la alabanza que rendimos a Dios.
 
Para ampliar esta parte hablemos primeramente de cómo debemos involucrar nuestro cuerpo en la alabanza:
 
El cuerpo humano es un conjunto de maravillas que Dios se encargó de formar con el más grande amor y cuidado y es justamente el canal por medio del cual el hombre le rinde adoración y alabanza a Dios, el cuerpo es el encargado de expresar las emociones y quien transmite lo bueno o malo que hay en el espíritu. En la palabra de Dios vemos como el cuerpo se ve involucrado con diferentes acciones que rinden alabanza a Dios:
 
Saltar: es una de las formas de expresar  la alegría que nos causa algún suceso agradable Hechos 3.8-9 vemos como un cojo de nacimiento al recibir sanidad alabó a Dios: y saltando se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando y saltando y alabando a Dios, y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.
Levantar las manos: tiene un trasfondo espiritual el cual también es respaldado bíblicamente. Salmos 63.4 dice: Así te bendeciré en mi vida; en tu nombre alzaré mis manos; Salmos 134.2 expresa: Alzad vuestras manos al santuario y bendecid a Jehová.
Danzar: es otra forma de expresar alegría Has cambiado mi lamento en Danza; (Salmo 149.3) Alaben su nombre con danza (salmo 30:11); Alabadle con pandero y danza. (Salmo 150:4)
Aplaudir, es una forma como se anima o acompaña los cantos que rinden alabanza a Dios; Salmo 47.1 nos dice: Pueblos todos batid las manos, aclamad a Dios con voz de júbilo. En Isaías 55.12 leemos: Y todos los arboles del campo darán palmadas de aplauso.
Inclinarse y Arrodillarse, es una acción donde el  cuerpo rinde todo su YO en humildad y obediencia ante la soberanía de Dios, Venid adoremos y postrémonos, arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor. (Salmo 95:6)
Acostarse: Aún acostados el cuerpo puede rendir alabanza a Dios, tal vez no sea bien visto pero la palabra de Dios también respalda esta acción del cuerpo cuando se trate de acercarse a Él para alabarle. Job 7.13 dice: “Me consolará mi lecho, mi cama atenuará mis quejas”. Y en Salmo. 149.5 encontramos: Regocíjense los santos por su gloria y canten aún sobre sus camas. Esta posición para alabar a Dios no es una falta de reverencia ante Dios, más bien es una manera de descansar mientras le rendimos alabanza.
 
Las anteriores citas bíblicas nos muestran cómo podemos involucrar nuestro cuerpo en un sacrificio vivo, santo y agradable que honre y exalte al soberano Dios que vive y reina por los siglos, no cohibamos nuestro cuerpo de experimentar gozo y libertad mientras le alabamos.
En la siguiente oportunidad hablaremos de como ivolucrar el alma y el espíritu en la alabanza a Dios. Por lo pronto, alaba a Dios... ¿Por qué no ahora? 
 
EL ALMA INVOLUCRADA EN LA ALABANZA
Recordemos que nuestro ser integral debe estar integrado en rendirle sacrificio de alabanza a nuestro señor. Esto es cuerpo, alma y espíritu. Ya aprendimos que el cuerpo es el conducto por el cual el hombre expresa emociones y sentimientos. Debido a esto y a través de diferentes acciones, le puede rendir un genuino sacrificio de alabanza a su Creador.
A continuación veremos como de  que forma nuestra alma puede involucrarse en la alabanza y así experimentar los beneficios que Dios está dispuesto a regalarnos.
El es el elemento no físico en los humanos. El alma encierra y expresa todas las emociones y sentimientos. Ella es la que se alegra o entristece. Llora, rie, goza, siente y experimenta amargura, depresión, angustia, valor, paz, entre otros. Por medio del alma nosotros apreciamos y valoramos lo que alguien hace por nosotros o menospreciamos cosas o personas. Por esto, podemos reaccionar con aprecio o rechazo. Por esta causa, si nuestras emociones están heridas es sumamente difícil rendir una alabanza genuina a nuestro Dios. Es allí donde nuestra voluntad, a través de la obligación que esta ejerce sobre el ser humano, que el alma puede ofrecer lo que se conoce como sacrificio de alabanza. Por medio de este sacrificio el alma experimenta a su vez una recuperación, a pesar de que se esté sintiendo emociones alteradas o sentimientos de rechazo.
Por esta razón el alma está llamada, al igual que el cuerpo, a sacrificar alabanza. El alma  no puede quedarse el dolor o pozo de desesperación ya que esto dificulta el obrar de Dios en las vidas. Hay que salir de este estado por medio del poder sanador y restaurador de Nuestro Padre Celestial.
Quizás pienses que no hay motivos para sacrificar alabanza. Cuando esto pase solo echa una mirada atrás y podrás contemplar todo un obrar glorioso de Dios. Recordar sus maravillas, proezas, fidelidad, gracia, promesas, amor, misericordia y salvación hará sin duda alguna que nuestras emociones se activen en pos de ofrecer un sacrificio real de alabanza a nuestro Señor y Dios.
 Salmos 35. 9- 10
 Salmos 96: 4 – 5
 Salmos 106: 1
 Salmos 150: 2
 Ahora bien, debemos tener en cuenta que solo el alma y el cuerpo pueden ofrecer sacrificio de alabanza y que el espíritu no interfiere en esto ya que la alabanza es posible a través del conducto de nuestras emociones y en el espíritu no hay emociones. Pero cuando el alama experimenta esta entrega total y rendición es cuando se presente una conexión con el espíritu  permitiendo que este se active para así poder adorar a Dios de una forma verdadera. Plena.  Solo un verdadero encuentro y conocimiento de Dios puede llevar al ser humano a vivir esta experiencia tan maravillosa.
De nosotros como conocedores de la verdad, depende que todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo ofrezcan una alabanza que honre y exalte de una forma única y gloriosa al Soberano y Maravilloso Creador del Universo.
Valga la pena mencionar que independientemente de las circunstancias que estemos viviendo nuestra alma debe estar dispuesta en todo momento y en todo lugar para alabar a Dios. Permitiéndole a nuestra alma involucrarse en brindar un sacrifico de alabanza genuino logrará que nuestro ser por completo experimente una comunión maravillosa con el Rey de reyes y Señor de señores.
Lucas 1: 46 – 47
Salmos 96: 7- 9
ALABADO SEA POR SIEMPRE EL NOMBRE GLORIOSO DE YAHVEH DIOS
por Dina Cañavera

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